Aeroméxico regresa vuelo y no soluciona el conflicto
Estoy escribiendo en el piso del aeropuerto de la Cd. de México, a las 2.20 de la mañana, formado (al final) de una fila cuyo objetivo es obtener una alternativa para viajar a Madrid. Eso sÃ, luego de tremendo susto que nos llevamos.
Hago el recuento: llegué al aeropuerto al filo de las 15.30 para volar a las 18.15, pero se retrasó dos horas más. Afortunadamente mi hermano vive cerca y en vez de tirarme 4 horas en el aeropuerto me fui a comer con él un buen pozole que venden en la colonia Impulsora. Regresé al aeropuerto alrededor de las 7.30 de la noche, listo para abordar. Luego del consabido rato en la sala de espera entré al mastodonte de fierro y me acomodé en mi asiento, pegado a la ventanilla. Mis dos acompañantes eran una pareja madura pero agradable. Luego de unos 15-20 minutos de vuelo, el capitán anunció que una llanta delantera se habÃa tronado y en unos momentos se comunicarÃa con “la compañÃa” -léase Aeroméxico, y que luego nos pondrÃa al tanto. Pasados no más de 5 minutos informó que tendrÃamos que regresar a la Cd. de México, pues eran las órdenes que habÃa recibido.
Hasta ahÃ, a pesar de la mala noticia, se podrÃa decir que no todo iba tan mal, no obstante casi de manera inmediata las sobrecargo comenzaron a limpiar las salidas de emegencia y a indicarnos lo que tenÃamos que
hacer si era necesario utilizar dichas salidas. Incluso nos dijeron que a la voz de “impacto” debÃamos colocar nuestra cabeza entre las piernas a fin de protegernos en el aterrizaje, además de despojarnos de lentes, aretes y objetos similares.
El ambiente se empezó a tensar, la frase “aterrizaje forsozo” se hizo un murmullo a voces, la señora que iba a mi lado comenzó a rezar y solo se escuchaba que repetÃa constantemente “Ay, Dios mÃo”, yo, en un casi infructuoso alarde de valor trataba de infundirle confianza y tranquilidad al decirle que era algo normal, que eso solÃa pasar, aunque a mà nunca me habÃa pasado y, como era de esperarse, la verdad también estaba bastante nervioso.
Conforme los minutos transcurrÃan y comenzaban a verse de nuevo las luces del Distrito Federal el ambiente se tensaba cada vez más: algunas personas, a pesar de que evidentemente faltaban algunos minutos para aterrizar, ya adoptaban la postura reservada para cuando se escuchara la palabra “impacto”. Segundos de máxima tensión cuando el avión se aproximaba ahora sà rápidamente a la pista de aterrizaje. Yo, que estaba pegado a la ventanilla volteaba rápidamente para echarle a un ojo y no sé por qué pero sentÃa, casi juraba que el avión no iba a alcanzar la pista, pues sobrevolada -sentÃa que casi rozaba- los techos de casas y comercios.
Al fin sentimos el famoso impacto, cuando el avión hizo contacto con el piso y, a decir verdad, no fue tan fuerte como algunos esperábamos, incluso en los aviones pequeños se siente más fuerte. En ese instante no todo estaba salvado, digo en ese instante porque es, creo, cuando nuestros sentidos se desconectan y despertamos en un hospital o incluso no despertamos más. Según me han platicado, ese instante casi nunca se “siente”, ni se “vive”. Afortunadamente ese momento no se dio, fuimos conscientes de todo cuanto pasó y luego el sonido de ambulancias y carros de bomberos que custodiaban al avión nos dieron cuenta de que al menos habÃa seria preocupación por nuestro aterrizaje y que algo más pudo suceder.
Una vez que el avión se detuvo, un enorme aplauso se escuchó en todo el avión, las palmas se desbordaban y con ellas se liberaba la gran tensión acumulada en apenas unos minutos.
Bajamos del avión y, como era de esperarse, lo demás fue un caos: la gente asustada, algunos llorando, el servicio médico hacÃa su labor. Luego, otro caos: todos formados en una interminable fila, sin alguien de la aerolÃnea que nos informara oficialmente, la gente se lamentaba el retraso: los que no llegarÃan al congreso, los que perderÃan una consulta médica importante, los que perderÃan vuelos, reservaciones o, como yo, la posibilidad de “matricularme” en tiempo y forma… lo mismo durante varias horas.
El capitán del vuelo se acercó y la gente lo abordó inmediatamente, de manera extraoficial explicó que esa llanta habÃa también perjudicado parte del tren de aterrizaje y que éste, al hacer contacto con la tierra podrÃa ocasionar chispas y con ellas, fuego, es decir, que se incendiara el avión.
Mucho tiempo sentado, haciendo fila, un tiempo platicando con la gente, conociendo sus múltiples reacciones y pérdidas por la modificación del vuelo. En tanto dedico unos minutos para escribir estas lÃneas.
Actualización: son las 5.30 de la mañana, acabo de llegar a un hotel bastante lejos del aeropuerto, creo que volaré a las 8.30 de la noche por otra compañÃa. Espero no volver a mirar esa alfombra impersonal y frÃa del aeropuerto, ah, y ahora que regrese lo primero que haré será llevar el auto a que le revisen las llantas.

September 23rd, 2008 at 3:18 pm
¡Cielos!… Que bueno que estás bien y la experiencia únicamente quedó en un muy buen susto…Vaya anécdota.
Espero que te hayas reinscrito en tiempo y forma a tu doctorado.
September 23rd, 2008 at 4:35 pm
Hay profe, que sorpresa tan fea, ni me imagine que anduviera en esos menesteres de aterrizajes forzados
que bueno que este bien, y pues asi con esta anécdota no tengo ganas de subir a un avion
, cuidese y pues feliz estancia en Madrid.
September 23rd, 2008 at 11:29 pm
Maestro:
Celebro ampliamente que haya logrado llegar a su destino con bien.
Sólo espero que el ave de metal que lo traiga de vuelta a estas tierras lagunosas lo deposite con suavidad en lo que es su patria y ya no pase tantos sinsabores.
D.
September 24th, 2008 at 4:38 am
Hola chicas, gracias por sus comentarios, la verdad es que sà fue un susto considerable, pero bueno yo que ando en barrios de mala muerte a veces el corazón late igual cuando andas en la noche en calles nada seguras, entre otro tipo de peligros que vivo cotidianamente, pero hubo gente que pasadas dos horas seguÃa nerviosa, llorando a ratos. Mi tutor, por ejemplo, estaba enfermo del corazón y pobre señor, tuve que acompañarlo el resto de la travesÃa para que ni siquiera cargara sus maletas pues se sentÃa muy fatigado. En efecto, Srita. Daniels, espero que el regreso sea placentero (aunque no tanto como la venida, pues al menos corrà con la suerte de que me mandaran por First Class, jeje). Hierba mala…
September 24th, 2008 at 1:46 pm
En hora buena que vives para contarlo…ojalá y de regreso también viajes en primera clase, es lo menos que pueden hacer para que olvides un poco ese mal momento.
Ya que mencionas que estás “maleado” en esos asuntos de vivir en la lÃnea del peligro, ¡cuÃdate mucho!…
September 24th, 2008 at 2:37 pm
Muchas gracias Sofi, por los buenos deseos, ya nos estamos encontrando, saludos.
September 24th, 2008 at 2:52 pm
Hey!! Creo que no pudiste describirlo mejor!!!!!! Tremendo susto!! Pero todo ok!! El sà bado vuelo de regreso y espero no volver a vivir esto!! jajajajajajajaa!! Saludos!!!
September 25th, 2008 at 5:31 am
Que tengas buen vuelo Rosa MarÃa, quien -les cuento a los demás- fue una sobreviviente (super exagerado) de tal experiencia.
October 6th, 2008 at 10:34 am
Quibo, otra vez en europa?, que te sirva de lección para no dejar nuestra amada….patria, oye de cual hermano hablabas?, no dejes de comunicarte. saludos hermano.
October 7th, 2008 at 11:00 am
Qué ondas Miguel, pues me refiero a Fernando que vive en la Impulsora. Ya te paso a ver de regreso del Claustro, saludos.
May 19th, 2009 at 2:02 pm
pinche chillon